Tomado de Revista la Fuente. Dra. Magdalena Muñoz. Psicología Clínica, Catedrática de Psicología, Capellanía

El papel de los padres cuando los hijos sufren

Los principios y valores basados en firmes principios espirituales, es uno de los pilares principales que sostiene a la sana convivencia familiar. Esta no significa una convivencia sin conflictos, sino más bien, sobrellevar la situación a la luz del entendimiento mutuo. Debido a la gran presión social actual en la cual se ven afectados los hijos, es indispensable para los padres estar preparados para la contención en los momentos de crisis. Es fundamental que nuestros hijos, cuando son afectados por alguna situación que los supera, sientan la seguridad de compartirnos libremente lo que sucede.

Agotando los recursos. Ante una situación problemática en la cual el hijo se encuentra afectado, los padres podrían abordar de diferentes maneras. Independientemente de cuál sea el caso particular, los padres deben agotar los recursos necesarios para ganarse la confianza y poder ayudar de manera eficaz. Bien puede darse que el joven no desee hablar de lo ocurrido. En ese caso, lo mejor sería respetar y no forzar, pero seguir brindando el acompañamiento, que el estar presente sea una constante, abrazarlo, expresar en palabras el amor que como padre o madre tienes hacia él o ella.

La contención en las crisis: La contención de los padres consiste en que durante las crisis logren moderar los sentimientos, emociones o impulsos que expresan el intenso dolor experimentado por el hijo. Puede suceder que quizás este dolor no sea exteriorizado, pero pueda percibirse de todos modos por algunos cambios conductuales bruscos en ellos/ellas..

Además, es importante que los padres hagan entender a su hijo que están dispuestos a cargar con él todo el quebrantamiento; que juntos lograrán dar con una salida oportuna. Esto fomentará el interés en observar un conflicto dado desde otras perspectivas, y asumir que el problema no radica en uno o en otro, sino que hay otras variables que afectan la sana relación personal o interpersonal.

Esto implicará un proceso profundo a ser tratado a la luz de la Palabra con el propósito de modificar conductas inadecuadas. Un proceso en el cual los padres direccionen posibles soluciones, y los hijos sean partícipes en dar sus planteamientos o aportes, como así también cumplan con su rol de ser agentes de cambio con la orientación recibida.

La empatía de los padres:Bien sabemos que los padres se sienten conmovidos cuando los hijos, en un estado de confusión y dolor, exteriorizan el malestar interno y se ve comprometido su estado de ánimo. Pero esta situación registra de un buen síntoma, por el hecho de exteriorizar lo que sucede, evidenciando la confianza que el hijo ha depositado en quienes podrán, con sabiduría, sostenerlo y guiarlo. La empatía para con los hijos es de suma importancia. Su gran valor descansa en el agregado de responsabilidad y amor, demostrando que el padre o madre…

• Se duele con él o ella

• Comprende la vivencia de dolor que lo agobia

• Se ubica en el lugar del hijo o hija que busca consuelo

• Está dispuesto a darle el apoyo que está necesitando.

Sobre todo, ante la experiencia del desaliento, la confusión o el dolor de una pérdida, como padres tenemos el privilegio de guiar a nuestros hijos al mayor de los soportes, que es Dios mismo. Encontramos en Salmos 46.1: «Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia».

Ayudemos a nuestros hijos a recordar siempre que, mucho mejor que nosotros, el Padre celestial tiene cuidado de ellos.